Donata Ortiz dejó un legado profundo en Marmato como minera, escritora oral y partera. Su vida se recuerda a través
de los testimonios de familiares, escritores y un gestor cultural del municipio, quienes evocan su carácter alegre, laborioso y su orgullo por
la identidad negra y la tradición minera.
El documental también recoge la voz viva de Donata en un poema dedicado a Marmato, donde expresa el amor por su pueblo y la riqueza de su historia.
Su palabra sencilla y florida se convierte en espejo de la cultura marmateña, tejida entre la minería, la diversidad étnica y la memoria colectiva.
Hoy, más allá de los relatos comunitarios, su vida es símbolo de tenacidad y orgullo.
Donata Ortiz no solo trabajó el oro con sus manos, también cinceló la identidad cultural de Marmato con su voz,
sus versos y su ejemplo de vida.Recordarla es volver a sentir la alegría y el calor de una mujer que hizo de su historia la historia de Marmato.
En Marmato, la fe de un minero humilde transformó la historia.
Simeón Saldarriaga Saldarriaga, tras vender sus dos vacas para cumplir una promesa a San Antonio de Padua,
organizó una fiesta donde encendió pólvora, y música. Poco después, en lo profundo de la mina Patacón, halló una figura del santo hecha de oro.
Desde entonces, el San Antonio de oro se convirtió en símbolo de esperanza y prosperidad para los marmateños.
Cada mes de junio, esa promesa se revive en las Fiestas de San Antonio de Padua.
Procesiones, alboradas, bailes y eucaristías unen a la comunidad alrededor de la imagen del santo,
tan relevante para los católicos por portar al Niño Jesús en brazos, como para los mineros por ser guía en la búsqueda de tesoros ocultos.
Este relato, recogido por la bibliotecóloga e investigadora Nancy Elena Castro Giraldo en la 7ª Cita con la Historia de Marmato – Caldas,
nos recuerda que la verdadera riqueza del pueblo no está solo en el oro de sus minas,
sino también en la fe, la cultura y la memoria compartida que siguen brillando en cada fiesta.
En el corazón de Marmato, la historia no solo se esconde en las minas y las leyendas,
sino que también transita por sus empinadas calles.
El arriero, con su mula cargada de provisiones o minerales, no es solo un trabajador;
es una pieza viva del patrimonio cultural del municipio.
Las empinadas calles del pueblo son su sendero, y el sonido de su paso es una melodía cotidiana.
Los arrieros usan una terminología específica para guiar a sus animales: "árre, mula, úla, ácho, állo, macho, reque, teque".
El uso de estas expresiones enriquece el trabajo diario de estos hombres, que embellecen el paisaje marmateño
al transitar con sus muladas.
El arriero es el guardián de una tradición que ha sobrevivido al tiempo, un enlace entre el pasado y el presente.
A través de la figura del arriero, se revela la riqueza de una cultura minera que va más allá de lo imaginable.
Este relato fue descrito por Bernardo Alvarez en la 7ª Cita con la Historia de Marmato – Caldas.
La riqueza de Marmato no se mide solo en quilates. En cada mina, en cada jornada de trabajo, los mineros han creado un vocabulario único, cargado de metáforas y simbolismo. Estas palabras
son una herencia transmitida de generación en generación, que refleja la forma en que los marmateños comprenden su oficio y su vida.
Cuando un minero dice “cachetear la montaña”, no se refiere a un simple golpe de martillo, sino a escuchar a la roca, a intuir dónde duerme el oro.
Al metal lo llaman con cariño “carisucio”. Y cuando la suerte sonríe, dicen estar “luquiados”, con unos
cuantos “casteles” en el bolsillo. Si hay dinero extra, se transforman en “palmeritos”,
esos billetes que alcanzan para invitar a “la jeva”, mujer joven y atractiva.
El lenguaje también guarda enseñanzas. Frases como “al minero ambicioso se le esconde el oro” recuerdan que la codicia nunca es buena consejera.
Este relato fue descrito por Bernardo Alvarez en la 7ª Cita con la Historia de Marmato – Caldas.
Descubre la fascinante historia de Gonzaga Díaz Granada, un auténtico tesoro cultural de Marmato, Caldas.
A través de su música, este talentoso cantautor ha narrado su propia vida, cantando a los oficios que ha desempeñado
—como arriero, celador, zapatero y minero— y a los sucesos de su tierra natal.
Desde su primera composición a los 30 años hasta las 97 canciones que ha creado,
Gonzaga ha demostrado que su don para la música es un reflejo de su profundo amor por su gente y su historia.
Gonzaga no solo compone música, sino que también narra las historias de su vida y de su gente.
Un ejemplo de ello es su canción "La cuarentena". Compuesta durante la pandemia de COVID-19,
la canción es un llamado a la prudencia y la esperanza, con un ritmo pegadizo que se convirtió en un himno local.
Fue solicitada más de 2000 veces en YouTube en tan solo un mes.
Entrevista realizada a Gonzaga Díaz para la 7ª Cita con la Historia de Marmato – Caldas.
En Marmato, existe una riqueza que no se agota: la tierra fértil y el alma generosa de sus campesinos.
En la zona norte, comunidades indígenas y afrodescendientes cultivan no solo alimentos, sino también identidad, memoria y futuro.
Como bien lo expresa Bernardo Álvarez Acosta “El oro se acaba, la tierra nunca se acaba y la tierra es generosa cuando la tratan con amor”.
Esta frase resume el espíritu de una región donde la agricultura es resistencia, y el trabajo del campo es una forma de honrar la vida.
Los paisajes de Monterredondo y San Juan están marcados por cafetales, platanales y cultivos diversos que sostienen mucho más que la economía local:
sostienen una cultura profundamente enraizada.
Las festividades como la Fiesta del Plátano no solo celebran el fruto del trabajo campesino,
sino que también visibilizan el papel de estas comunidades como guardianes de la montaña y del saber ancestral.
En ellas se entrelazan cantos, danzas y sabores que narran la historia de un pueblo que ha aprendido a florecer sin depender totalmente del oro.
Este relato fue descrito por Bernardo Alvarez en la 7ª Cita con la Historia de Marmato – Caldas.
Fotografía: 9º Encuentro Anual de Marmatólogos- Archivo general aportado por asistentes al encuentro.